Fuimos jóvenes y
no supimos leer este poema
Fuimos
jóvenes y no supimos detener el tiempo.
Sin
embargo, ahora amamos la historia
anatómica
de nuestro ser.
Ahora
amamos la descomposición del arte.
Ahora
nos gusta que nos arañen los gatos
cuando
estamos en la cama
sintiéndonos
vulnerables ante tanta tragedia
que
hay por encima de nuestras cabezas de plástico.
Ahora
nos gusta clasificar nuestros dientes
según
la sangre que hemos derramado
para
que el aire fuese más o menos cruel con nosotros.
El
espejo nos ha hecho tanto daño
que
los sentimientos lastimaron a los árboles
y
los árboles violaron la belleza de los peces,
tanto
que los padres de la libertad se ahorcaron
con
bufandas de ácido.
Fuimos
jóvenes y no supimos leer el drama
de
una ciudad ardiendo de cicatrices.
Sin
embargo, ahora amamos el odio de nuestros hijos
hacia
el mundo.
Ahora
nos gusta prostituir poemas de ceniza
en
los mataderos del egocentrismo.
Ahora
nos gusta ser perros de agua caliente
para
violar a los ángeles que nos prometieron
una
nueva gramática para leer el erotismo de la enfermedad.
Ahora
nos gusta que los versos flagelen nuestros glúteos
hasta ver la sangre violeta en los ojos de nuestros
gatos.
Fuimos
jóvenes y no supimos leer la sangre de nuestros padres en el papel.
Sin
embargo supimos masturbarnos con la boca
y
nuestros gatos abandonaron la ternura para ser sirenas de metal.
Sin
embargo supimos amarnos con el tumor hacia dentro
y
nuestras sirenas abandonaron la histeria para ser águilas en llamas
y
descansar en nuestros sexos tupidos de bocas y dientes que salen
de
un posromanticismo grasiento no investigado por la madre naturaleza.
Fomos jóvens e não soubemos ler este poema
Fomos jovens e
não soubemos deter o tempo.
No entanto,
agora amamos a história
anatómica do
nosso ser.
Agora amamos a
decomposição da arte.
Agora gostamos
que os gatos nos arranhem
quando estamos na
cama
sentindo-nos vulneráveis
perante tanta tragédia
que há por cima
das nossas cabeças de plástico.
Agora gostamos
de classificar os nossos dentes
conforme o sangue
que derramámos
para que o ar
fosse mais ou menos cruel connosco.
O espelho
fez-nos tanto mal
que os
sentimentos lastimaram as árvores
e as árvores
violaram a beleza dos peixes,
tanto que os
pais da liberdade se enforcaram
com cachecóis de
ácido.
Fomos jovens e
não soubemos ler o drama
de uma cidade
ardendo de cicatrizes.
No entanto,
agora amamos o ódio dos nossos filhos
ao mundo.
Agora gostamos
de prostituir poemas de cinza
nos matadouros
do egodentrismo.
Agora gostamos
de ser cães de água quente
para violar os
anjos que nos prometeram
uma nova
gramática para ler o erotismo da doença.
Agora gostamos
que os versos flagelem os nossos glúteos
até vermos o
sangue violeta nos olhos dos nossos gatos.
Fomos jovens e
não soubemos ler o sangue dos nossos pais no papel.
No entanto
soubemos masturbar-nos com a boca
e os nossos
gatos abandonaram a ternura para se tornarem sereias de metal.
No entanto
soubemos amar-nos com o tumor para dentro
e as nossas
sereias abandonaram a histeria para se tornarem águias em chamas
e descansar nos
nossos sexos espessos de bocas e dentes que saem
de um
pós-romanticismo gorduroso não investigado pela mãe natureza.
(tradução:
alberto augusto miranda)